lunes, 25 de enero de 2010

Posibilidades de la Abstracción

Trabajo desde hace años en la Unesco y otros organismos internacionales, pese a lo cual conservo algún sentido del humor y especialmente una notable capacidad de abstracción, es decir, que si no me gusta un tipo lo borro del mapa con sólo decidirlo, y mientras él habla y habla yo me paso a Melville y el pobre cree que lo estoy escuchando. De la misma manera, si me gusta una chica puedo abstraerle la ropa apenas entra en mi campo visual, y mientras me habla de lo fría que está la mañana yo me paso largos minutos admirándole el ombliguito. A veces es casi malsana esta facilidad que tengo.
El lunes pasado fueron las orejas. A la hora de le entrada era extraordinario el número de orejas que se desplazaban en la galería de entrada. En mi oficina encontré seis orejas; en la cantina, a mediodía, había más de quinientas, simétricamente ordenadas en dobles filas. Era divertido ver de cuando en cuando dos orejas que remontaban, salían de la fila y se alejaban. Parecían alas.
El martes elegí algo que creía menos frecuente: los relojes de pulsera. Me engañé, porque a la hora del almuerzo pude ver cerca de doscientos que sobrevolaban las mesas en movimiento hacia atrás y adelante, que recordaba particularmente la acción de seccionar un biftec. El miércoles preferí (con cierto embarazo) algo más fundamental, y elegí los botones. ¡Oh espectáculo! El aire de la galería lleno de cardúmenes de ojos opacos que se desplazabn horizontalmente, mientras a los lados de cada pequeñobatallón horizontal se balanceaban pendularmente dos, tres o cuatro botones. En el ascensor la saturación era indescriptible: centenares de botones inmóviles, o moviéndose apenas, en un asombrosocubo cristalográfico. Recuerdo especialmente una ventana (era por la tarde) contra el cielo azul. Ocho botones rojos dibujaban una delicada vertical, y aquí y allá se movían suavemente unos pequeños discos nacarados y secretos. Esa mujer debía ser tan hermosa.
El miércoles era de ceniza, día en que los procesos digestivos me parecieron ilustración adecuada a la circunstancia, por lo cual a las nueve y media fui mohino espectador de la llegada de centenares de bolsas llenas de papilla grisácea, resultante de la mezcla de corn-flakes, café con leche y medialunas. En la cantina vi cómo una naranja se dividía en prolijos gajos, que en un momento dado perdían su forma a cierta altura de un depósito blanquecino. En este estado la naranja recorrió el pasillo, bajó cuatro pisos y luego de entrar en una oficina, fue a inmovilizarse en un punto situado entre los dos brazos de un sillón. Algo más lejos se veían en análogo reposo un cuarto de litro de té cargado. Com curioso paréntesis (mi facultad de abstracción suele ejercerse arbitrariamente) podía ver además nua bocanada de humo que se entubaba verticalmente, se dividía en dos translúcidas vejigas, subía otra vez por el tubo y luego de una graciosa voluta se disersaba en barrocos resultados. Más tarde (yo estaba en otra oficina) encontré un pretexto para volver a visitar la naranja, el té y el humo. Pero el humo había desaparecido, y en vez de la naranja y el té había dos desagradables tubos retorcidos. Hasta la abstracción tiene su lado penoso; saludé a los tubos y me volví a mi despacho. Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolarme decidí abstraer sus lágrimas, y por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida esta llena de hermosuras así.


Julio Cortázar

martes, 19 de enero de 2010

It gives faith just to see what two people can be.

¿Existen las casualidades por el sólo hecho de suceder, sin alguna razon? ¿O son causalidades? Hechos que suceden por una razón determinada por el destino que les da el carácter de casual, con el objetivo de que tales sucesos sean más intensos, más emocionantes, más apasionantes y nosotros los llamamos casualidades, coincidencias, por no haber planificado su proceder.
"Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido" entonces no existe la casualidad sin causalidad e irónicamente al tener causa no puede ser casual, todo viene de algo y se dirige hacia alguna parte, conoscamos o no su causa o su destino. Obviamente ésto sólo puede ser aceptado por quien crea en el destino, y volvemos a la vieja pregunta filosófica ¿el destino existe?No se puede comprobar, pero se puede creer y por hoy he decidido creer. Creer que todo tiene una razón aunque ignoremos cual sea. Creer que todo tiene un fin aunque desconozcamos cual es. Creer q hay una cadena de causa y efecto y que nada sucede por el simple hecho de suceder.



Y da fé sólo ver lo que dos personas pueden ser.

viernes, 15 de enero de 2010

El Caballero De La Armadura Oxidada

"Cuando el caballero despertó, vio a Merlín y a los animales a su alrededor. Intentó sentarse, pero estaba demasiado débil. Merlín le tendió una copa de plata que contenía un extraño líquido.
- Bebed esto - le ordenó.
- ¿Qué es? - preguntó el caballero, mirando la copa receloso.
- ¡Estáis tan asustado! - dijo Merlín - Por supuesto, por eso os pusisteis la armadura desde el principio.
El caballero no se molestó en negarlo, pues estaba demasiado sediento.
- Está bien, lo beberé. Vertedlo por mi visera.
- No lo haré. Es demasiado valioso para desperdiciarlo.
Rompió una caña, puso un extremo en la copa y deslizó el otro por uno de los orificios de la visera del caballero.
-¡Ésta es una gran idea! - dijo el caballero.
- Yo lo llamo pajita - replicó Merlín.
- ¿Por qué?
- ¿Y por qué no?
El caballero se encogió de hombros y sorbió el líquido por la caña. Los primeros sorbos le parecieron amargos, los siguientes más agradables, y los últimos tragos fueros bastante deliciosos.
Agradecido, el caballero le devolvió la copa a Merlín.
- Deberías lanzarlo al mercado. Os haríais rico.
Merlín se limitó a sonreír.
- ¿Qué es ? - preguntó el caballero.
- Vida.
- ¿Vida?

- Si - dijo el sabio mago. - ¿No os pareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustabais, no la encontrabais cada vez más apetecible?.
El caballero asintió.
- Sí, los últimos sorbos resultaron deliciosos.
- Eso fue cuando empezasteis a aceptar lo que estabais bebiendo.
- ¿Estáis diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta? - preguntó el caballero.
- ¿Acaso no es así? - replicó Merlín, levantando una ceja divertido.
"


El Caballero De La Armadura Oxidada - Robert Fisher

jueves, 26 de noviembre de 2009

La Última Salida

Le arden los ojos, le cuesta ver.
Todo brilla y todo se oscurece.
Un asfixiante olor a humo, a madera y papel qemado.
No logra alcanzar la puerta, las llamas le obstruyen el camino.
La ventana es muy alta, pero es la única oportunidad de respirar.
Cenizas en lo que solía ser su reluciente vestido.
Le cuesta respirar, aún estando próxima a ese cuadrado de aire.
El calor se aproxima, la temperatura se torna insoportable.
Miedo, desesperación, valentía, dolor.
La única salida, la tuvo que tomar, ya no lo podía soportar.
Cada vez más cerca a su ventana, cada vez más cerca de la salida.
Ya no había esperanzaa, no había otra cosa por hacer.
Dió el último salto, se impulsó con todas sus fuerzas.
Sentía agua, sentía la lluvia.
Sentía el viento, respiraba aire, y no el espeso humo.
Veía luces pasar a toda velocidad.
Veía recuerdos, memorias, momentos.
Veía su vida.

Y llegó el momento, llegó al lugar.
Chocó, impactó.
Ya no quedaba nada, todo se esfumó.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Nunca Más


Si cada hora vino con su muerte, si el tiempo es una cueva de ladrones, los aires ya no son tan Buenos Aires, la vida es nada mas que un blanco movil, usted preguntará por qué cantamos. Si los nuestros quedaron sin abrazos, la patria casi muerta de tristeza y el corazon del hombre se hizo añicos antes de que estallara la verguenza, usted preguntará por qué cantamos.

Cantamos porque el rio esta sonando y cuando suena el rio suena el rio.
Cantamos porque el cruel no tiene nombre y en cambio tiene nombre su destino
Cantamos porque el niño y porque todo, y porque algún futuro y porque el pueblo, cantamos porque los sobrevivientes y nuestros muertos quieren que cantemos.

Si fuimos lejos como un horizonte, si aqui quedaron arboles y cielo, si cada noche siempre era una ausencia y cada despertar un desencuentro, usted preguntará por qué cantamos.

Cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida y porque no podemos ni queremos dejar que la cancion se haga ceniza.
Cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca.
Cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota.
Cantamos porque el sol nos reconoce y porque el campo huele a primavera, y porque en este tallo en aquel fruto cada pregunta tiene su respuesta.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Los Atardeceres Olvidados

Pasaron 25 años desde la ultima vez que vió un atardecer. Hace tiempo que Santiago intenta recordar como lucen, pero ya se han borrado de su memoria. Las imágenes de ese último atardecer se ven ya difusas en su fría celda sin ventanas. Lo que más le dolía de su condena era no volver a ver aquellos atardeceres relucientes que tanto le hacían recordar a Clara. Esos atardeceres que compartía junto a ella, mientras le susurraba un "Te amo" al oído.

Y justamente fue en uno de esos atardeceres cuando decidió cometer los pecados que ahora lo privan de su libertad. De todas formas debe destacarse que nunca se ha arrepentido, ni una vez.

Sí, en uno de esos atardeceres fue. Pero en uno de los que admiraba en soledad una vez que Clara ya no estaba. Miraba hacia el cielo y le hablaba con la esperanza de que ella pudiese escucharlo. Y al terminar cada atardecer secaba sus lágrimas preguntándose por qué. ¿Por qué tuvieron que tomar su vida? Y luego no podía evitar recordar esos momentos tan horribles.

Pensaba en cuando entró a su habitación luego del trabajo y allí estaba ella: su cuerpo desnudo y herido como arrojado sobre la cama, cuyas sabanas estaban revueltas, desgarradas y empapadas en sangre. Pensaba en el momento en que intento levantarla del suelo y al notar que la gravedad llevaba todo su cuerpo hacia abajo se dió cuenta de que estaba muerta. Pensaba en sus lágrimas que caían sobre su pecho para luego racorrer sus curvas limpiando el sudor y la sangre que ya habían secado.

También pensaba en los culpables. Lo bastardos. Y pensando en ellos fue que tomó la decisión de pecar, de vengar a Clara. No le interesaba la justicia que la sociedad pudiese impartir, le interesaba su propia justicia. Podía estar bien o mal. No le importaba. Estaba dispuesto a aceptar la consecuencias.

Y así fue, entonces, que llegó a la celda donde hoy está: los buscó, los encontró, los mató. Y no se arrepiente de ello, excepto, claro está, por no poder ver sus atardeceres.

Y tirado en el duro suelo de su celda cierra los ojos para intentar una vez más recordar. Y de repente comienza a visualizar cómo eran. Con sus diferentes tonos de naranja y amarillo y aquellos rojos que le dan un toque de pasión, mientras van aumentando los azules al otro lado del sol. Los recuerda en todo su esplendor. Y como un acto de magia deja de ser un recuerdo y se vuelve realidad. Ya puede sentir la mezcla entre el calor del sol y el fresco de la brisa en su cara. Ya puede sentir el aroma que tiene la puesta del sol. Y aún más emocionante que el propio atardecer, puede sentir el cuerpo de Clara. Su calor, su olor, su belleza.

De esta manera se siente una vez más feliz y decide no volver a abrir sus ojos jamás.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Mil Ilusiones


¿Por qué forzar la realidad obligándote a creer en la posibilidad de la existencia de la normalidad? Si al final nadie puede asegurar que el final en sí es ser feliz y que eso es ser normal. Donde nadie puede imaginar se enjuicia el miedo a conocer, a parecer de otro lugar.
¿Quién necesita ser normal donde ya nadie es real? Mil ilusiones que parecen ser fatalidad. ¿Y dónde esta la verdad cuando lo cotidiano empieza a ser tan surreal?
Y sin buscarme pude encontrar la miseria al conocerme en la disconformidad de aquel que anhela llegar a ese algo más. Y es normal que parezca anormal, que ese algo ahí me hará feliz aun siendo irreal porque nadie quiere imaginar. Se enjuicia el miedo a conocer, a parecer de otro lugar.
¿Quién necesita ser normal donde ya nadie es real? Mil ilusiones que parecen ser fatalidad. ¿Y dónde esta la verdad cuando lo cotidiano empieza a ser tan surreal?

Dejando Los Cables Dormir

Dejando Los Cables Dormir
Sometimes we have to let the cables sleep.