¿Alguna vez sentiste a tu vida estancarse en un sólo lugar? Los miedos que te paralizan y la ausencia de la voluntad cada vez se hacen más notables. La espera se alarga y la ansiedad se fortalece. ¿Cuántos días se fueron y cuántos quedan por resistir? ¿Cuántas horas?
Ahora pienso: ¿por qué conformarse con eso? Y es que me conformo con eso, con sueños e ilusiones que se alejan cada vez más de lo que es real. Cada vez me acurruco más en un ricón y me enfrento contra la furia de lo que es mi propia vida, me encierro entre cuatro paredes que se achican más y más. Y ése es mi hogar: un espacio tan pequeño que se va quedando sin lugar para mí mismo. Quizás es por eso que me invento vidas alternas.
Entre tareas, reflexiones y canciones llegué a la conclusión de sentirme un idler en esta vida. No estoy seguro de encajar con la palabra en español, pero me siento más identificado con el término en inglés. No creo estar bien, pero encuentro comodidad en la conformidad, y la voluntad de hacer algo al respecto se desvanece. Me siento demasiado perezoso para reconstruir mi vida, o construir. Y aunque revuelva y revuelva en mi corazón congelado no encuentro ni siquiera las ganas de decidir hacer algo. Simplemente me conformo con terminar este texto con un simple final abrupto.











